← Paracas, las Islas Ballestas y el oasis de Huacachina: un día entre costa y desierto en el sur del Perú, desde las islas de los leones marinos hasta la puesta de sol en buggy por las dunas. Guía de Paracas

LAS DUNAS

Huacachina: buggies por las dunas, sandboard y la puesta de sol

El único oasis desértico natural de Sudamérica, las grandes dunas que lo respaldan y la tarde que pone fin a la mayoría de las excursiones a Paracas.

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Un oasis en la arena

Huacachina es de esos lugares que parecen inventados: una pequeña laguna rodeada de palmeras, varada en el desierto a las afueras de la ciudad de Ica, considerada el único oasis natural desértico de Sudamérica, con dunas enormes apiladas a sus espaldas. Es diminuta —se puede rodear la laguna en pocos minutos—, pero el entorno es extraordinario, y es la base para la tarde que corona el día de Paracas: buggies por las dunas y sandboard en las montañas de arena que se alzan sobre el pueblo.

El buggy de dunas

El paseo en buggy es la pura adrenalina. Un conductor lleva a un puñado de pasajeros hasta las dunas en un vehículo con jaula antivuelco y lo conduce como si fuera una montaña rusa: acelera por pendientes pronunciadas, corona crestas y se lanza al otro lado, con el motor rugiendo y la arena volando. Es genuinamente emocionante y un poco alarmante la primera vez, y los operadores de confianza usan buggies bien mantenidos con cinturones de seguridad. Es la parte más rápida y salvaje de todo el viaje, y la mayoría baja con una sonrisa de oreja a oreja.

Sandboard

Entre las carreras del buggy, el conductor se detiene en la cima de las dunas para hacer sandboard: tumbado o de pie sobre una tabla, deslizándose por la pendiente, como snowboard sobre arena fina y cálida. Los principiantes suelen bajar tumbados boca abajo sobre una tabla encerada, lo cual es fácil y rápido; los más atrevidos pueden probar de pie. Es más sencillo y menos intimidante de lo que parece, las caídas son suaves, y lo único difícil es volver a subir. Entre el buggy y la tabla, la sesión dura aproximadamente de hora y media a dos horas.

El final al atardecer

La razón por la que el buggy sale al atardecer es el ocaso. La sesión está calculada para que termines en la cresta de una duna alta justo cuando el sol se pone: el desierto se tiñe de dorado, luego de rosa y después de violeta, y el oasis queda abajo como un oscuro grupo de palmeras. Tras un día que empezó en un barco antes del amanecer, ver la luz desvanecerse desde lo alto de las dunas es el punto culminante emocional del viaje, y la imagen que casi todos se llevan a casa. Lleva una chaqueta: en cuanto se pone el sol, el desierto se enfría rápido.

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